Las noticias que van llegando respecto a la angula no son en absoluto alentadoras. La Comunidad Europea está comenzando a aplicar medidas restrictivas, cada vez más duras, para garantizar que por lo menos el 40% de las angulas que llegan a nuestros ríos vuelvan al mar. Entre estas medidas no se descarta una inminente prohibición de su pesca.

Así, la mejor recomendación que os podemos dar, es que cuando tengáis oportunidad de degustarla, lo hagáis como si fuese a ser la última. Claro, que al precio que están, sólo faltaba que nos las tomásemos como si fuesen un “bocata”.La angula, como sabéis la mayoría, es la cría de la anguila. Es el único alevín que se permite pescar en España. Hay que tener en cuenta que si no se pudiese pescar desaparecería por completo, ya que su cría en cautividad es una auténtica quimera debido al complejísimo y misterioso ciclo reproductivo que tiene, y que podéis ver en las fichas de esta página de anguila y angula.

Desde luego, para nosotros, es primordial que se tomen las medidas necesarias para preservar la especie y poder seguir disfrutando de este manjar. Eso sí, queremos hacer una serie de consideraciones importantes. La angula es un artículo de auténtico lujo, a unos precios desorbitados. Ya no pasa, como nos contaba hace pocas fechas Amparo en su restaurante El Blayet en Perellonet , Valencia (qué arroces por cierto), que las angulas, un familiar suyo, antiguo comportero de La Albufera, las pescaba para dar de comer a los cerdos allá por los años 30 ya que nadie las comía. De esta forma, al suponer un auténtico esfuerzo económico para el que las paga, debemos asegurar que lo que se coma sea algo único. Ese, ahora mismo, es el mayor problema de la venta de angulas en España.
Muchas de las angulas que se consumen en España no son otra cosa que el desecho que queda de las que importan chinos y japoneses. Hay que tener mucho cuidado cuando se compran los géneros, primero hay que pedir calidad y luego preocuparse del precio. Si invertimos los factores, podemos tomar unas angulas en las que se mezclan angulas de Madagascar (finas como alambres), otras congeladas y una parte ínfima de angula de verdad. Alguno luego se ufanará de haber pagado angulas mucho más baratas que su vecino o su colega de restaurante, sin darse cuenta que ha sido estafado vilmente.
Otro día hablaremos de la almeja fina, o de los que compran productos congelados que llevan más agua que producto en su particular olimpiada de los precios.
Nosotros hemos apostado desde hace unos años por la calidad. Si comemos angulas, que sean las mejores, si no comeremos lenguado o chicharro, pero siempre los mejores, lo que desde luego nos ha reportado muchas satisfacciones y sabemos que también a vosotros.
A veces, todavía hay gente que se queja del precio sin mirar otras cosas. ¿Caro? ¿Con qué lo comparamos? ¿Comparamos un Mercedes con un Mini? Puede ser, pero por favor, no comparemos un coche nuevo con otro que tiene diez años y el cuentakilómetros falseado.
Por cierto, si podéis echad un ojo a la entrevista a Raimundo Azpíroz sobre la angula. Auténticamente deliciosa.




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